Por Aldo López Tirone
La crisis de UENO Bank y el remezón financiero, institucional y político que atraviesa Paraguay dejan una lección que Panamá debería observar con atención: en el mundo financiero, la confianza tarda décadas en construirse y puede deteriorarse rápidamente.
No se trata de celebrar las dificultades de otro país. Se trata de entender que los movimientos regionales también generan oportunidades para aquellas economías capaces de transmitir estabilidad, experiencia y seguridad jurídica.
Panamá tiene argumentos para hacerlo.
Nuestro país cuenta con una economía dolarizada, un Centro Bancario Internacional consolidado, conectividad aérea y marítima, una plataforma logística estratégica y décadas de experiencia atendiendo capital y empresas internacionales.
Los datos recientes muestran un sistema bancario con más de US$171 mil millones en activos y niveles de liquidez y capitalización superiores a los mínimos regulatorios. Esa fortaleza debe convertirse en una herramienta de promoción internacional.
Pero Panamá tampoco puede vivir únicamente de su historia. Defender nuestra posición exige fortalecer continuamente la supervisión, la transparencia, la institucionalidad y la seguridad jurídica.
La crisis paraguaya demuestra precisamente por qué estos elementos son esenciales.
Hoy existe una oportunidad para promover con mayor fuerza la marca Panamá ante inversionistas que buscan diversificar sus operaciones en América Latina.
El mensaje debe ser sencillo: Panamá posee experiencia, infraestructura y un ecosistema financiero construido durante décadas.
La competencia regional continuará. Nuestra respuesta no debe ser atacar otras plazas, sino demostrar con resultados por qué Panamá continúa siendo un punto estratégico para invertir, establecer operaciones y movilizar capital internacional.
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