Venezuela enfrenta una severa crisis en el sistema de trasplantes que pone en riesgo la vida de miles de pacientes. La suspensión del Sistema de Procura de Órganos y Tejidos para Trasplante (SPOT) en 2017 ha dejado a los venezolanos con fallos orgánicos en una situación desesperada, donde la falta de acción estatal se traduce en sentencias de muerte. El SPOT, que antes facilitaba el acceso a trasplantes a través de la donación post mortem, ahora es solo un recuerdo en medio de hospitales deteriorados y la lucha solitaria de los pacientes.
El director de Médicos Unidos por Venezuela ha expresado serias dudas sobre la capacidad operativa de los hospitales públicos, reflejando la cruda realidad que se vive en estos centros. En un emblemático hospital de Caracas, donde se realizaban trasplantes renales pioneros, hoy se acumulan cajas vacías de medicamentos, mientras una lámpara quirúrgica rota y techos agrietados simbolizan el abandono. Un enfermero resume la situación con una frase sombría: “Aquí ya no se salva a nadie”. La escasez de agua, equipos de rayos X y suturas son problemas comunes en muchos hospitales, agravando la situación de quienes buscan atención médica.
La historia de Juliana Mena, una madre de 36 años con enfermedad renal crónica, es un ejemplo de la desesperación que viven miles de venezolanos. A pesar de su fe inicial en la reactivación del sistema, ahora solo recibe diálisis en una unidad con máquinas defectuosas. Juliana es una de las aproximadamente 7.000 personas en diálisis en Venezuela, de las cuales el 40% podría ser candidato a un trasplante si el sistema de donantes funcionara. La cancelación del SPOT ha dejado a los pacientes dependiendo de donantes vivos o de la posibilidad de costear un trasplante en el extranjero.
La opción privada en Venezuela es prohibitiva, con cirugías renales que oscilan entre 30.000 y 50.000 dólares, en un país donde el salario mínimo apenas supera los 5 dólares al mes. Esta situación evidencia una dramática disparidad donde la vida se compra con divisas, dejando a muchos sin esperanza. El cierre del SPOT fue la culminación de un proceso de desmantelamiento que incluyó la falta de inmunosupresores, salas inadecuadas y equipos. Los reclamos de médicos y pacientes nunca fueron atendidos por el Ministerio de Salud, consolidando la percepción de abandono como otra consecuencia del modelo de gobierno.
José Ricardo, hermano de un paciente hepático, relata la experiencia de que le negaran una transfusión por falta de guantes, lo que obligó a trasladar a su familiar a Cúcuta, aunque ya era demasiado tarde. Esta historia refleja la falta de recursos básicos en los hospitales, donde la infraestructura deteriorada y la falta de insumos son la norma. La necesidad de llevar vendas, jeringas, sueros y hasta linternas a los hospitales subraya la precariedad del sistema.
Médicos Unidos de Venezuela ha documentado agresiones físicas, detenciones arbitrarias y campañas de hostigamiento contra profesionales de la salud que denuncian estas condiciones. A pesar de los bajos salarios y las amenazas, estos profesionales continúan trabajando en turnos interminables, luchando contra la adversidad para brindar atención a quienes más lo necesitan. La crisis de trasplantes en Venezuela es un reflejo de la profunda crisis humanitaria que afecta al país, donde el silencio estatal pone en riesgo la vida de miles de personas.
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