La banca mayorista en América Latina se ha convertido en un referente global de resiliencia y rentabilidad, de acuerdo con un nuevo análisis de McKinsey & Company.
El informe, titulado Lo que el modelo de banca mayorista de América Latina enseña sobre la resiliencia, destaca que el sector bancario regional ha logrado un desempeño sobresaliente pese a la volatilidad macroeconómica constante.
Según el análisis, el sistema bancario latinoamericano registró un Retorno Sobre el Capital promedio de 16.1% entre 2021 y 2024.
Esta cifra supera el 8.6% reportado en Europa y el 10.9% registrado en Norteamérica durante el mismo período.
McKinsey señala que la Banca Corporativa y de Inversión ha sido uno de los principales motores de este desempeño.
Este segmento representa más del 37.5% de los ingresos bancarios regionales y ha impulsado un crecimiento anual cercano al 12%.
El informe sostiene que los bancos latinoamericanos han aprendido a operar en un entorno donde la inestabilidad no es una excepción, sino una condición estructural.
Una de las claves identificadas es la gestión dinámica y disciplinada del riesgo.
Los bancos líderes de la región administran activamente sus carteras para reducir el consumo de capital y limitar la severidad de posibles pérdidas.
Para ello, recurren a estructuras de préstamos garantizados, niveles conservadores de apalancamiento, vencimientos más cortos y sistemas de alerta temprana basados en datos.
Otro factor clave es la profundidad en las relaciones con los clientes corporativos.
La concentración en el flujo de transacciones permite a las instituciones financieras tener mayor visibilidad sobre la gestión de efectivo, pagos y cuentas por cobrar de sus clientes.
Esa cercanía facilita reestructurar exposiciones, anticipar necesidades y fortalecer la relación bancaria incluso durante períodos de volatilidad.
El informe también destaca que el crédito a largo plazo en América Latina suele diseñarse a la medida, especialmente para sectores intensivos en capital.
En lugar de ofrecer productos genéricos, los bancos estructuran financiamientos según modelos específicos de flujo de caja, marcos regulatorios locales y conocimiento profundo de cada industria.
La inteligencia artificial también está ganando terreno dentro de la banca regional.
De acuerdo con McKinsey, las instituciones están incorporando algoritmos de aprendizaje automático para mejorar la toma de decisiones de crédito, detectar fraudes, analizar datos no estructurados y anticipar necesidades de liquidez en cadenas de valor completas.
La recuperación de créditos ante ciclos de estrés es otro componente central del modelo latinoamericano.
En la región, esta capacidad no solo cumple una función defensiva, sino que también puede convertirse en una palanca de creación de valor.
Las instituciones líderes cuentan con equipos especializados en situaciones complejas, combinando experiencia crediticia, legal y sectorial para proteger el valor de empresas en dificultades.
McKinsey concluye que la rentabilidad bancaria en América Latina no está garantizada por defecto, sino que depende de un modelo operativo integrado.
Ese modelo combina originación, asignación de balances, distribución y banca transaccional dentro de una misma estrategia.
Para bancos e inversionistas que observan la región, la lección principal es clara: las instituciones ganadoras no ven la volatilidad como un problema temporal, sino como una condición permanente que debe ser dominada.
En ese contexto, América Latina no solo ha resistido la complejidad económica, sino que ha convertido esa experiencia en una ventaja competitiva para su banca mayorista.
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