domingo , agosto 23 2026
UN CONTRALOR DIFÍCIL DE SUPERAR

UN CONTRALOR DIFÍCIL DE SUPERAR

EDITORIAL

Durante décadas los panameños aprendimos a ver a la Contraloría General de la República como la institución que amarraba el gasto. El lugar donde un contrato podía dormir meses, donde un refrendo parecía una carrera de resistencia y donde fiscalizar muchas veces significaba revisar papeles cuando ya el daño estaba hecho.

Para muchos, “Chinchorro” representó una época caracterizada por el férreo control del gasto. Pero Anel “Bolo” Flores puede terminar siendo recordado por algo diferente y quizás mucho más trascendente: convertir la Contraloría que controlaba en una Contraloría que investiga, audita, pregunta y persigue respuestas.

Y los números hablan.

En marzo de 2025 la institución informó que había reducido el trámite promedio de documentos de aproximadamente seis meses a solo 28 días, mientras en apenas tres meses había refrendado más de $12 mil millones. Es decir: fiscalizar sin necesariamente convertirse en un tapón para la economía.

Pero donde verdaderamente está la diferencia es en las auditorías.

Apenas cinco meses después de asumir, Flores hablaba de 500 auditorías concluidas, 430 más que su antecesor en un período comparable. Para noviembre de 2025 señalaba que había entregado 112 auditorías, superando las 60 remitidas durante los cinco años anteriores. Y en agosto de 2026 aseguró que alrededor de 400 auditorías habían sido entregadas al Ministerio Público.

Eso ya no es una Contraloría mirando por el retrovisor.

Eso es fiscalización activa.

Los informes de auditoría sobre los fondos de descentralización alimentaron investigaciones que hoy hablan de una presunta lesión patrimonial cercana a $51 millones y 151 personas imputadas. Hay exfuncionarios investigados, empresarios pendientes de auditorías, instituciones bajo la lupa y expedientes que dejaron de acumular polvo para convertirse en investigaciones concretas.

Flores también ha metido el bisturí en el presente: IDAAN, MEDUCA, universidades, juntas comunales, Panamá Ports, Cable & Wireless y otras áreas sensibles del Estado han sido objeto de actuaciones o auditorías de la Contraloría. Incluso acaba de anunciar investigaciones sobre empresas donde existen intereses públicos.

¿Ha cometido errores? Claro. ¿Ha generado polémicas? También. Su actuación en una diligencia del Ministerio Público incluso derivó en cuestionamientos e investigación. Un contralor poderoso también tiene que aceptar que él mismo está sometido a la ley y al escrutinio público.

Pero una cosa no elimina la otra.

Anel “Bolo” Flores cambió la velocidad de la Contraloría.

Pasó de amarrar el gasto a fiscalizar el gasto; de acumular documentos a acelerar pagos; de mirar exclusivamente hacia atrás a auditar también lo que ocurre hoy.

Por eso el apodo de “SUGAR” puede terminar teniendo una interpretación muy distinta: no porque endulce la fiscalización, sino porque a más de uno le ha amargado el sueño.

Cuando termine su período, habrá tiempo para hacer el balance definitivo.

Pero si mantiene este ritmo, el próximo Contralor tendrá un enorme problema:

superar a Anel “Bolo” Flores.

Porque después de una Contraloría activa, Panamá difícilmente aceptará nuevamente una Contraloría pasiva.

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