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No olvidar a Nito Cortizo: un Estado fallido no se reconstruye en dos años. Sigue el paso firme, un día a la vez

No olvidar a Nito Cortizo: un Estado fallido no se reconstruye en dos años. Sigue el paso firme, un día a la vez

Editorial dominical para La Voz Noticias
Por Aldo López Tirone

Hay algo que los panameños no podemos permitirnos: perder la memoria.

En política, dos años pueden parecer mucho tiempo cuando se mira el calendario, pero representan muy poco cuando la tarea consiste en reconstruir instituciones, ordenar las finanzas públicas, recuperar la confianza y volver a poner en funcionamiento un Estado que llegó profundamente deteriorado al 1 de julio de 2024.

Por eso, cuando hoy se evalúa al Gobierno del presidente José Raúl Mulino, es indispensable recordar de dónde veníamos.

Y recordar tiene nombre y apellido: Laurentino “Nito” Cortizo.

No se trata de vivir mirando permanentemente hacia atrás ni de convertir el pasado en una excusa eterna. Se trata de entender el punto de partida para poder valorar con justicia el camino recorrido.

El gobierno anterior dejó un país golpeado por una administración pública cuestionada, una enorme presión fiscal, proveedores esperando pagos, instituciones debilitadas, obras inconclusas y una ciudadanía cansada de escuchar promesas mientras sentía que el Estado había perdido capacidad de respuesta.

Las cifras fiscales ayudan a comprender la dimensión del problema. El déficit del Sector Público No Financiero correspondiente a 2024 terminó en B/.6,416.1 millones, equivalente al 7.35% del PIB, mientras el déficit del Gobierno Central llegó a B/.6,774 millones, o 7.76% del PIB.

Eso no se corrige con discursos.

Tampoco se reconstruye en meses.

Mulino recibió problemas, no una página en blanco

José Raúl Mulino no asumió la Presidencia de una nación funcionando perfectamente a la que solamente había que cambiarle el conductor.

Recibió una maquinaria estatal que necesitaba ajustes profundos mientras tenía que continuar andando.

Ese detalle parece olvidarse con demasiada facilidad.

Desde entonces hemos observado un estilo distinto: decisiones difíciles, confrontación con problemas históricamente postergados y una clara intención de recuperar disciplina dentro del aparato estatal.

Podemos discutir decisiones particulares. Podemos exigir más velocidad. Podemos señalar errores. Eso es democracia.

Pero también hay que reconocer los números cuando empiezan a caminar en otra dirección.

A mayo de 2026, el déficit del Sector Público No Financiero había bajado a 1.82% del PIB, frente a 2.46% durante el mismo período de 2025. En términos absolutos, pasó de B/.2,228.4 millones a B/.1,729.6 millones, una reducción interanual de 22.4%.

Además, el Gobierno Central había reducido sus cuentas por pagar en 45.9% al cierre de 2025, pasando de B/.1,975.76 millones a B/.1,069.23 millones. Para marzo de 2026 se habían liquidado otros B/.706 millones en obligaciones corrientes.

¿Está Panamá económicamente perfecto?

Por supuesto que no.

¿Está resuelto todo?

Ni cerca.

Pero existe una diferencia enorme entre tener problemas y comenzar a administrarlos responsablemente.

Gobernar también significa tomar decisiones impopulares

Durante décadas, la política panameña aprendió una peligrosa costumbre: patear los problemas hacia adelante.

Si una decisión tenía costo político, se aplazaba.

Si una institución necesitaba una reforma profunda, se maquillaba.

Si había que decir una verdad incómoda, se prefería una promesa agradable.

Ese modelo termina pasando factura.

Mulino ha escogido en distintos momentos el camino contrario: enfrentar problemas aun sabiendo que generarán resistencia.

La Caja de Seguro Social es quizá el ejemplo más evidente. Nadie podía seguir actuando como si el deterioro financiero y operativo de la institución fuera una leyenda urbana. Había que intervenir y asumir el costo.

En salud también comenzaron a ponerse en marcha acciones destinadas a recuperar capacidad de atención, incluyendo programas quirúrgicos, nuevas ambulancias, infraestructura hospitalaria y mecanismos para mejorar el abastecimiento de medicamentos.

Y mientras se intenta ordenar la casa, el país tampoco puede detenerse.

El proyecto de Presupuesto General del Estado presentado para 2027 contempla B/.12,564 millones en inversión, dirigidos a áreas como agua, vivienda, carreteras, transporte, salud, educación, cultura y deportes. Entre las iniciativas aparecen proyectos como el Cuarto Puente sobre el Canal, hospitales, carreteras, obras de agua potable y transporte público.

Eso es importante porque austeridad no puede significar parálisis.

Hay que controlar el gasto improductivo mientras se continúa invirtiendo en aquello que genera crecimiento y calidad de vida.

Dos años no borran cinco años de deterioro

Aquí está el punto central de esta reflexión dominical.

Hay sectores que parecieran exigirle al actual Gobierno que en apenas dos años resuelva problemas acumulados durante cinco, diez e incluso veinte años.

Eso no es realista.

Mucho menos después del quinquenio de Cortizo.

No podemos olvidar instituciones debilitadas.

No podemos olvidar las obras detenidas.

No podemos olvidar el deterioro de los servicios públicos.

No podemos olvidar las cuentas pendientes.

No podemos olvidar el desorden financiero.

Y tampoco podemos olvidar la profunda pérdida de confianza que se produjo entre muchos ciudadanos y sus instituciones.

Reconstruir confianza toma más tiempo que destruirla.

Un Estado puede deteriorarse rápidamente cuando nadie toma decisiones; recuperarlo requiere disciplina, paciencia, planificación y continuidad.

Por eso califico aquella herencia como la de un Estado fallido en demasiadas de sus responsabilidades fundamentales, no porque Panamá hubiese dejado de existir institucionalmente, sino porque demasiados ciudadanos dejaron de sentir que el Estado funcionaba para ellos.

Y eso es precisamente lo que ahora toca reconstruir.

Que nadie entregue un cheque en blanco

Defender lo que considero positivo del Gobierno de José Raúl Mulino tampoco significa renunciar a la crítica.

Todo gobierno debe ser vigilado.

Todo ministro debe rendir cuentas.

Todo dólar público debe poder explicarse.

Y toda promesa debe eventualmente convertirse en resultados.

Mulino tampoco puede utilizar indefinidamente la herencia recibida como justificación. Conforme avance su mandato, los resultados tendrán que hablar cada vez más por su propia administración.

Pero exigir resultados no significa ignorar el contexto.

Hay una enorme diferencia entre decir “todavía falta muchísimo” y afirmar “no se ha hecho nada”.

Lo primero es cierto.

Lo segundo no lo es.

Tan recientemente como esta semana, el Gobierno continuaba anunciando iniciativas relacionadas con empleo agropecuario, educación, conectividad, turismo e inversión, mostrando una administración todavía concentrada en mantener proyectos y políticas en ejecución.

Panamá necesita acelerar.

Necesita empleo.

Necesita mejores escuelas.

Necesita medicamentos.

Necesita agua.

Necesita carreteras.

Necesita seguridad.

Necesita inversión.

Y, sobre todo, necesita recuperar confianza.

Pero para avanzar también debemos aprender a reconocer los pasos que sí se dan.

Sigue el paso firme

José Raúl Mulino tiene todavía enormes desafíos por delante.

El panameño de a pie no mide el éxito del Gobierno únicamente observando balances fiscales. Lo mide cuando encuentra trabajo, cuando llega el agua a su casa, cuando consigue medicamentos, cuando puede transitar por una carretera digna, cuando su hijo recibe buena educación y cuando siente seguridad al salir a la calle.

Ahí estará la verdadera evaluación.

Por eso mi mensaje no es de conformismo.

Es de perseverancia.

Presidente Mulino: siga el paso firme.

Sin triunfalismos.

Sin bajar la guardia.

Sin creer que todo está hecho.

Y sin permitir tampoco que quienes hoy juzgan la reconstrucción pretendan hacernos olvidar quiénes dejaron buena parte de los escombros.

Gobernar un país deteriorado es como reconstruir una casa mientras todavía vive una familia dentro: no puedes apagarlo todo, desalojar a todos y comenzar nuevamente desde los cimientos. Hay que reparar una habitación mientras las demás continúan funcionando.

Ese es el reto.

Un día a la vez.

Una institución a la vez.

Una obra a la vez.

Una decisión a la vez.

Que nadie olvide a Nito Cortizo.

Que nadie olvide cómo estaba Panamá.

Y que tampoco olvidemos que un Estado fallido no se reconstruye en dos años.

Hoy lo importante es continuar avanzando.

Sigue el paso firme, presidente Mulino. Un día a la vez.

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